venerdì 4 settembre 2009

Brano tratto da "Cuando me muera quiero que me toquen cumbia", di Cristian Alarcón


El baile de los chicos que para cuando mueren quieren cumbia es una ceremonia funeraria convertida en carnaval; es dedicarle lo ganado en ese rapto de violencia que implica acercarse demasiado a la muerte, al frenesí de las pistas, a los latidos frenéticos que sólo puede dar la cocaína, a la distorsión de imágenes, colores y significados que regalan las pastillas mezcladas con alcohol. Como una reverencia hacia un paganismo villero histórico y a lo que podría definirse también como un vitalismo de suburbio extremo, o extremo vitalismo suburbano, el Frente y sus compañeros, como Manuel, entregaban gran parte del botín al consumo de alcohol en jarras y se lo mastaba en el zarandeo de cuatro mil venidos desde todos los puntos del conurbano norte, en micros que pasan por los recoveros más pobres a acarrear a la masa que viaja como sea a ver las bandas nueva sobre el escenario del Tropitango. El Tropi es el boliche de Panamericana y 202 al que han bautizado con justicia “la Catedral de la cumbia villera” y en el que se ha instituido como trago predilecto la jarra loca –todo tipo de alcohol y la cantidad de pastillas que cada uno alcance a meterle-. “Con doscientos mangos un viernes…¡Uy!: baile, mujeres, escabio, ropa”, añora Manuel desde su molesta y modesta legalidad actual.

Tratto da Cuando me muera quiero que me toquen cumbia. Vidas de pibes chorros, Cristian Alarcón, Grupo Editorial Norma

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